El San Prudencio sumó un punto agridulce a domicilio tras empatar frente al Treviño (2-2) en un choque marcado por dos tiempos muy diferenciados. El equipo colegial no se encontró nada cómodo de inicio, acusando las malas condiciones del terreno de juego y mostrándose impreciso con balón, con las líneas demasiado separadas y sin capacidad para ganar las segundas jugadas.
El conjunto local no tardó en penalizar esos desajustes defensivos. En un envío largo a la espalda de la zaga, el delantero rival se plantó solo ante Asier para poner el 1-0 a los seis minutos de juego. Al San Prudencio le costó reaccionar y estuvo atascado en ataque frente a un adversario muy cómodo atrás. Gaizka dispuso de un mano a mano tras un error defensivo para haber igualado, pero el portero local desbarató la acción. Sobre la marcha, el San Prudencio ajustó su sistema y empezó a asomarse con más criterio por bandas mediante centros laterales. Sin embargo, en el mejor momento colegial llegó un nuevo jarro de agua fría, en el que un mal despeje en la frontal permitió al Treviño anotar el 2-0 en su segundo disparo a puerta pasada la media hora de partido. Antes del descanso, el San Prudencio rozó el gol con una vaselina de Ape sacada bajo palos y un remate que se estrelló en la madera.
La segunda mitad cambió por completo. El equipo salió decidido a darle la vuelta a la situación, haciéndose dueño de todos los duelos y encerrando al Treviño en su propio campo. En apenas dos minutos de inspiración llegó la igualada. Primero, Gaizka culminó una buena maniobra hacia dentro recortando distancias; y nada más sacar de centro, Markel robó el esférico y sorprendió al guardameta desde el centro del campo para firmar el 2-2 con un auténtico golazo.
Con el empate en el minuto 60, el San Prudencio se hizo con el control absoluto, teniendo las ideas mucho más claras en campo rival. No obstante, la precipitación en los últimos metros por querer culminar la remontada penalizó en el tramo decisivo. Markel rozó el tanto con un disparo pegado al poste y Nava obligó al meta local a lucirse con un paradón a la escuadra tras un tiro lejano, mientras que el Treviño solo inquietó con un balón al palo. El desenlace no pudo ser más cruel, pues en la última jugada del choque, el San Prudencio dispuso de un penalti para llevarse los tres puntos, pero Urko no estuvo acertado desde los once metros y el marcador ya no se movió.
"A pesar de la buena reacción del equipo en la segunda parte, no estoy contento porque tardamos mucho en adaptarnos al terreno de juego y a lo que pedía el partido", valoró el técnico Jonatan Torio al término del encuentro.

















